El Don de Volar

Algunas personas trascienden el mero hecho de volar, o de pilotar un avión, o de construir una aeronave con sus manos, o incluso de la técnica del diseño. Parece como si todo ello lo hicieran con otra...

perspectiva, desde otro plano. Y nos da la sensación de que lo hacen sin dificultad, con pleno dominio, con gracia, vivendolo como algo natural en ellos.
No buscan el sustento, ni la fama, ni significarse. Es una necesidad que sale de dentro y disfrutan compartiéndola. Quien sabe si en alguna de sus vidas anteriores han sido un pájaro y aun quedan dentro de ellos esas vivencias, esa visión del mundo desde arriba, ese ansia de libertad. Nos parece que toda su vida ha estado relacionada con el vuelo, aprovechando cada oportunidad para llevar a la realidad su sueño de volar. Han utilizado lo que les ha sido posible, el aeromodelismo, el parapente, el ala delta, el ultraligero, la avioneta, el velero, el globo, etc, etc... La imaginación en último caso. Pero no es el simple practicante, ni el mercader de turno, apreciamos en él otra calidad, el estar ajeno a la tierra. Sé que si no hubiera medio de volar, esa necesidad interna lo impulsaría a inventarlo. A este ser humano lo conocí en El Principito y en Juan Salvador Gaviota, pero también me lo he encontrado en los campos de aviación. Richard Bach lo describe en su libro "El Don de Volar". Por eso propuse esta denominación para esta distinción que se entrego por primera vez en la Reunión Nacional del año 1999 Joaquín Guerra.

Aurélio Castañeda

Aurelio, mi padre.
Muchas han sido las veces que mi querido amigo Joaquín Guerra, me hapedido que escribiera una especie de curriculum aeronáutico sobre mi padre, aunque él siempre ha huido de todo protagonismo, y desde mi punto de vista quizás los únicos méritos sean el llevar cerca de 70 años con su afición a la aviación, o el haberse atrevido a construirse su propia avioneta, y de manera legal, en una época donde eso era algo impensable, y casi imposible; pero sobre todo su perseverancia en la terminación de su sueño a pesar de una grave enfermedad y posterior invalidez. Su afición aeronáutica empezó aproximadamente a los 8 años, cuando antes de 1936 un betusto biplano fue a aterrizar en un cortijo cerca de su pueblo, Santaella (Córdoba), y su padre llevo a toda la familia a bordo de su Ford T, a ver el biplano, que resultó ser toda una atracción para la gente del lugar. Desde aquel momento no hacía mas que dibujar biplanos y más biplanos, en el cuaderno del colegio. Un año por Navidad, los Reyes le trajeron un Autogiro, de lata; y otra vez con un cajón de madera al que le acopló unas alas y una cola de cartón, se hizo un columpio colgado de las vigas del desván ,en el que montaba también a los amigos. En 1939, estaba interno en un colegio de Córdoba, y cuando sonaban las alarmas de ataque aéreo en vez de bajarse al refújio, él con otros amigos se subía a la azotea del colegio para ver volando a los Fiat CR-32 " Chirri ", que despegaban de las afueras de la ciudad. Como en esa época no disponía de los materiales adecuados, construyó un aeromodelo con cañas y papel de periódico, al cual le puso como motor un cohete de feria, pero como el calor del cohete dobló hacia arriba la caña del fuselaje, el invento hizo un looping y se estreyó.

 

Victor Merino Jiménez

Andaba yo alrededor de los 5 años, cuando empezó a gustarme la aviación. Por encima de Madrigueras, mi pueblo. Venían a hacer acrobacia las Bucker y los T-6 de la cercana BASE AEREA DE LOS LLANOS.
Mi padre tenia una foto de la mili sobre las alas de un “Pedro" (Heinkel 111) y empezó a llevarme a los festivales aéreos de la Base en la feria, y allí decidí hacerme piloto, cuando trajeron los primeros F-1 en 1975.
La vida me llevo a estudiar Magisterio, en lo que nunca trabajé, y en 1978 en la inauguración del Aeródromo de Ontur, conocí a Alejandro, que llevaba un ala delta en la solapa. Le acompañe a volar muchas veces y fui aprendiendo con sus alumnos a volar en ala.
Un día del Pilar, 12-101980, el viento me llevo a la ladera y tuve una luxación del hombro izquierdo. Después volé, pero me dolía al ir tumbado y decidí motorizar un ala. Fui al Aero Club de Castellón y volé en trike 2 veces con Javier Arranco, quien me dijo que no volaba mal y que podría volar solo.